SISTEMA DE AYUDA A LA
DEPENDENCIA Y LA AUTONOMÍA PERSONAL
Aunque la oferta de servicios
sociales es insuficiente para atender a las personas mayores, desde 1999 se ha
producido un incremento significativo y constante en la cobertura de sus
necesidades en cada uno de los servicios.
El 15 de Diciembre de 2006, se
publicó en el BOE la Ley 39/2006, de 14 de Diciembre, de Promoción de la
Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de Dependencia. Dicha
ley tiene por finalidad principal la garantía de las condiciones básicas y la
previsión de los niveles de protección a todas las personas en situación de
dependencia, sirviendo de cauce tanto para la colaboración y participación de
las Administraciones Públicas, como para la optimización de los recursos
públicos y privados disponibles.
Autonomía personal y dependencia
son conceptos que reflejan realidades en las que se encuentran o pueden
encontrarse todas las personas a lo largo de su vida. Entendemos por
autonomía personal la capacidad de la persona para decidir por sí misma como
quiere vivir para desarrollar las actividades básicas de la vida diaria. Y
dependencia es la situación permanente en la que se encuentran las personas que
precisan ayudas importantes de otra u otras personas para realizar actividades
básicas de la vida diaria.
El Sistema comprende un catálogo
de servicios y prestaciones que serán suministrados a los beneficiarios en
función de su situación de dependencia (grado de intensidad de la situación de
dependencia). Para ello, debe existir una valoración de dicho grado, así como
de las circunstancias sanitarias, sociales y económicas, de forma que se puedan
determinar las necesidades de las personas con dependencia.
La conocida como "Ley de
la Dependencia" supone
un importante logro social, ya que de esta manera implica a las distintas
Administraciones Publicas a comprometerse a atender a todas aquellas personas
que requieran ayudas y apoyos significativos para "poder ejercer sus
derechos de ciudadanía, acceder a los bienes sociales y desarrollar las
actividades más esenciales de la vida diaria", por lo tanto, el principal reto de
esta Ley, aparte de otros, es el de desarrollar políticas de actuación que
promuevan la calidad de vida y la plena ciudadanía de las personas con
discapacidad.
Con esta Ley estamos
constituyendo "el cuarto
pilar del Estado de Bienestar", aunque
he de aclarar que el resto de pilares están un poco inestables.
Uno de los motivos por los que
creo que esta Ley de Dependencia ha sido una de las actuaciones más acertadas
es, porque cabe destacar que la atención a la dependencia se hace a día de hoy
más necesaria debido al fenómeno del envejecimiento de la población, es decir,
al crecimiento de la población mayor de 65 años, en el que existe un elevado
porcentaje de dependencia (grupo de edad que se ha duplicado en los últimos
treinta años). Esto da lugar a una nueva realidad de la población mayor, que
conlleva problemas de dependencia en las últimas etapas de la vida para un
colectivo de personas cada vez más amplio.
Estos cambios demográficos y
sociales no tenemos que contemplarlos como algo negativo, sino todo lo
contrario. La aparición de la dependencia comenzamos a padecerlas en edades más
tardías, por lo que podemos predecir que, implantando políticas de promoción de
la salud y prevención de la dependencia podría lograrse que los años de vida
ganados, puedan ser años de salud.
Pero no todo es tan bonito como
lo describen, ya que esta Ley está sufriendo muchos recortes que afectan a
todas aquellas personas que solicitan este tipo de ayuda, al igual que sus
defectos más notorios son la lentitud, descoordinación, colapso, improvisación,
financiación, prevención, falta de recursos, asistente personal, efecto
retroactivo y politización, entre otros.
Otro aspecto a destacar en esta
Ley de Dependencia es que en el contexto de envejecimiento se obedece a un
motivo principalmente: las consecuencias que se derivan del proceso de
envejecimiento patológico de la población. Debemos detenernos en el
adjetivo "patológico", ya
que no todas las personas mayores son dependientes, por lo que dicha Ley
debería promover el envejecimiento positivo, como hemos dicho anteriormente, ya
que así es una forma de prevenir la dependencia. Es decir, esta Ley no puede
solo atender a la dependencia, sino que debe promocionar la autonomía personal
a lo largo de la vida, y en el envejecimiento activo, y con ello prevenir la
dependencia.
Por otro lado, creo que el número
de peticiones de ayuda a la dependencia superaba las previsiones. Ahora
empiezan a pensar que sus propias afirmaciones sobre la bondad de la ley
levantaron unas expectativas excesivas. Hasta ahora los principales motivos de
queja, como hemos dicho anteriormente, son las esperas y los retrasos de la
elaboración de los planes individuales y en muchos casos la concesión de las ayudas
prometida nunca llega, debido a los recortes por la que están pasando las
Administraciones Públicas.
“No se puede olvidar, que detrás de cada solicitud hay una persona” Pérez
y Olmedo.