martes, 3 de diciembre de 2013

SISTEMA DE AYUDA A LA DEPENDENCIA Y LA AUTONOMÍA PERSONAL

SISTEMA DE AYUDA A LA DEPENDENCIA Y LA AUTONOMÍA PERSONAL

Aunque la oferta de servicios sociales es insuficiente para atender a las personas mayores, desde 1999 se ha producido un incremento significativo y constante en la cobertura de sus necesidades en cada uno de los servicios.

El 15 de Diciembre de 2006, se publicó en el BOE la Ley 39/2006, de 14 de Diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de Dependencia. Dicha ley tiene por finalidad principal la garantía de las condiciones básicas y la previsión de los niveles de protección a todas las personas en situación de dependencia, sirviendo de cauce tanto para la colaboración y participación de las Administraciones Públicas, como para la optimización de los recursos públicos y privados disponibles. 

Autonomía personal y dependencia son conceptos que reflejan realidades en las que se encuentran o pueden encontrarse todas las personas a lo largo de su vida. Entendemos por autonomía personal la capacidad de la persona para decidir por sí misma como quiere vivir para desarrollar las actividades básicas de la vida diaria. Y dependencia es la situación permanente en la que se encuentran las personas que precisan ayudas importantes de otra u otras personas para realizar actividades básicas de la vida diaria. 

El Sistema comprende un catálogo de servicios y prestaciones que serán suministrados a los beneficiarios en función de su situación de dependencia (grado de intensidad de la situación de dependencia). Para ello, debe existir una valoración de dicho grado, así como de las circunstancias sanitarias, sociales y económicas, de forma que se puedan determinar las necesidades de las personas con dependencia.

La conocida como "Ley de la Dependencia" supone un importante logro social, ya que de esta manera implica a las distintas Administraciones Publicas a comprometerse a atender a todas aquellas personas que requieran ayudas y apoyos significativos para "poder ejercer sus derechos de ciudadanía, acceder a los bienes sociales y desarrollar las actividades más esenciales de la vida diaria", por lo tanto, el principal reto de esta Ley, aparte de otros, es el de desarrollar políticas de actuación que promuevan la calidad de vida y la plena ciudadanía de las personas con discapacidad. 

Con esta Ley estamos constituyendo "el cuarto pilar del Estado de Bienestar", aunque he de aclarar que el resto de pilares están un poco inestables.

Uno de los motivos por los que creo que esta Ley de Dependencia ha sido una de las actuaciones más acertadas es, porque cabe destacar que la atención a la dependencia se hace a día de hoy más necesaria debido al fenómeno del envejecimiento de la población, es decir, al crecimiento de la población mayor de 65 años, en el que existe un elevado porcentaje de dependencia (grupo de edad que se ha duplicado en los últimos treinta años). Esto da lugar a una nueva realidad de la población mayor, que conlleva problemas de dependencia en las últimas etapas de la vida para un colectivo de personas cada vez más amplio. 

Estos cambios demográficos y sociales no tenemos que contemplarlos como algo negativo, sino todo lo contrario. La aparición de la dependencia comenzamos a padecerlas en edades más tardías, por lo que podemos predecir que, implantando políticas de promoción de la salud y prevención de la dependencia podría lograrse que los años de vida ganados, puedan ser años de salud.

Pero no todo es tan bonito como lo describen, ya que esta Ley está sufriendo muchos recortes que afectan a todas aquellas personas que solicitan este tipo de ayuda, al igual que sus defectos más notorios son la lentitud, descoordinación, colapso, improvisación, financiación, prevención, falta de recursos, asistente personal, efecto retroactivo y politización, entre otros.

Otro aspecto a destacar en esta Ley de Dependencia es que en el contexto de envejecimiento se obedece a un motivo principalmente: las consecuencias que se derivan del proceso de envejecimiento patológico de la población. Debemos detenernos en el adjetivo "patológico", ya que no todas las personas mayores son dependientes, por lo que dicha Ley debería promover el envejecimiento positivo, como hemos dicho anteriormente, ya que así es una forma de prevenir la dependencia. Es decir, esta Ley no puede solo atender a la dependencia, sino que debe promocionar la autonomía personal a lo largo de la vida, y en el envejecimiento activo, y con ello prevenir la dependencia. 

Por otro lado, creo que el número de peticiones de ayuda a la dependencia superaba las previsiones. Ahora empiezan a pensar que sus propias afirmaciones sobre la bondad de la ley levantaron unas expectativas excesivas. Hasta ahora los principales motivos de queja, como hemos dicho anteriormente, son las esperas y los retrasos de la elaboración de los planes individuales y  en muchos casos la concesión de las ayudas prometida nunca llega, debido a los recortes por la que están pasando las Administraciones Públicas.


“No se puede olvidar, que detrás de cada solicitud hay una persona” Pérez y Olmedo.